Mi amiga ilusión ha dejado de complacerme como hacía hasta ahora tapándome los ojos para ver lo que yo quería ver.

Se ha sincerado conmigo y me ha dicho que soñar por un momento está bien pero que ahí fuera me están esperando con los brazos abiertos los sentimientos desnudos y fríos para vestirlos con lo que ella me ha enseñado.

No es una despedida definitiva, para siempre, ella me deja una llave para que la abra cuando no encuentre refugio en los otros brazos.

Hace días que la noto distante, que ya no me llena como hacía antes y su memoria no me basta. Si ella no me abandonase lo haría yo. Cuando todo ha cambiado a mi alrededor y se que su transición no va a volver a su estado originario, he dejado de necesitar sus promesas que un día alentaron mi paso y que ya no necesito.

Dejo de ser lo que quería ser estando con ella y me hago visible, expectante, me respeto como lo que soy y siempre he querido ser.