"Usamos nuestra obsesión con los hombres a quienes amamos para evitar nuestro dolor, vacío, miedo y furia.Usamos nuestras relaciones como drogas para evitar experimentar lo que sentiríamos si nos ocupáramos de nosotras mismas. Cuanto más dolorosas son nuestras interacciones con nuestro hombre, mayor es la distracción que nos proporcionan. Una relación verdaderamente horrible cumple para nosotras la misma función que una droga fuerte. No tener un hombre en quien concentrarnos es como suspender el consumo de una droga, a menudo con muchos de los síntomas físicos y emocionales que acompañan la verdadera suspensión de una droga: náuseas, sudor, escalofríos, temblor , ansiedad, una forma obsesiva de pensar, depresión, imposibilidad de dormir,pánico y ataques de angustia. En un esfuerzo por aliviar esos síntomas, volvemos a nuestra última pareja o buscarnos una nueva con desesperación."Las mujeres que aman demasiado, Robin Norwood

Ha llegado la hora de dejar de ser una víctima de nosotras mismas y de escuchar lo que nuestro corazón nos está pidiendo a gritos: oir nuestras propias necesidades en lugar de disfrazarlas bajo una relación de amor no compartido. No vamos a dar si no recibimos nada a cambio, ¿estás de acuerdo? Empecemos a valorarnos tal y como nos merecemos, ni más ni menos.